Las ayudas a la vivienda hay que analizarlas desde al menos dos perspectivas:
Por un lado está el problema del lado de la demanda de vivienda por parte de la mayoría de los españoles, q somos currelas: Cada vez los salarios “dan pa menos”. Como decía el artículo de Forges “La nómina de mi padre” (2/5/2006) en 1979 el coste de una vivienda media eran 14 mensualidades de un peón de obra. En 2006 una vivienda cuesta más o menos ¡¡175 mensualidades del sueldo de un universitario recién licenciado!!. En otras palabras, Los jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80, o los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas.
Este problema se agrava año a año por las políticas de los gobiernos (reformas laborales y fiscales) –tanto del PP como del PSOE y las coaliciones con IU- que favoreces a las grandes empresas: El cambio en el reparto de la riqueza en España ha sido el siguiente: En 1999 el 39.7% de la riqueza eran beneficios de las empresas, y más o menos la mitad del PIB salarios. Hoy en día los primeros son el 42,25% y los segundos el 46,12%.
Comparando las cifras de 2006 con las de sólo dos años antes los asalariados tendrían hoy 28000 millones de euros mas en sus bolsillos si la estructura de la riqueza no hubiese cambiado (http://www.elconfidencial.com/economia/noticia.asp?id=7217)
¿Qué representan en el mejor de los casos las ayudas del gobierno comparado con lo que los trabajadores hemos dejado de obtener del crecimiento económico? Una tomadura de pelo, una limosna. Lo que hace falta es que se pague un salario digno, y que no siga aumentando la desigualdad en España, mediante políticas laborales y fiscales progresivas (en España los salarios tienen más impuestos y el capital menos que la media europea), no parches en la política de vivienda, aunque obviamente sean mejor que nada.
La otra perspectiva que hay que considerar es la oferta; el precio de la vivienda:
Más o menos la mitad del precio de la vivienda son beneficios para las constructoras, promotoras, inmobiliarias y bancos, sin contar con la especulación del suelo. En este marco, las políticas del principado en su última legislatura, en la que Laura González subvencionaba a los constructores para bajar un poco el precio de la vivienda protegida, son más de lo mismo, ya que no cambian la estructura básica del negocio, pero dan dinero público (en forma de suelo algunas veces) a los constructores privados. No hace falta más q ver las fotos de Laura González cerrando contratos con Serafín Abilio (de la patronal de la construcción asturiana) y la inmensa sonrisa de éste. Para incidir en la oferta lo más sencillo es poner impuestos a las 72000 viviendas vacías ya existentes en Asturias, y para resolver definitivamente el problema el gobierno debería construir con una empresa propia (que cumpliese las normativas de seguridad, y no tuviese los altísimos niveles de siniestralidad actuales) las VPO, en vez de subvencionar con dinero público a empresarios e intermediaros q sacan grandes plusvalías.
